Lectura: “Vinieron trayendo un paralítico llevado entre cuatro y, como no podían presentárselo por el gentío, levantaron la techumbre encima de donde él estaba y descolgaron la camilla donde yacía el paralítico. Viendo Jesús la fe que tenían, le dice al paralítico: «Hijo, tus pecados te son perdonados»” (Mc 2, 3-5).
Meditación:
Los bautizados formamos el Cuerpo de Cristo, que es la Iglesia y donde Él es la Cabeza. Como cuerpo estamos llamados a solidarizarnos; es preciso que ayudemos a que se encuentren con Dios. Aquí, hay cuatro que llevan a uno que tiene como síntoma la parálisis… Pero en realidad su mal está en el corazón, es el pecado…
Jesús es el médico y la salud de nuestras vidas. Cuando llegamos a Él, nos sana, nos da los mejores sentimientos y deseos de entrega. Necesitamos que los otros nos lleven en la camilla de la paciencia, de la confianza… que nos despierten el deseo de caminar fraternalmente…
Los médicos y los psicólogos intentan curar el cuerpo y la forma de pensar.
Cristo nos perdona los pecados, nos da un corazón nuevo, que cambia nuestra manera de pensar, sentir y hacer. Él nos da su Espíritu y genera las actitudes de perdón hacia los otros.
Oración: Señor, dame un corazón nuevo, que viva siempre unido a Ti.
Contemplación:
Sigo mil recomendaciones para estar mejor… pero me falta vivir en tu amistad…
«Yo Soy la Vida. Deja que te mire y te ame».
Quiero caminar hacia Vos, confío en tu misericordia…
Acción: Reconocer con humildad mi realidad y pedir perdón.
Hno. Javier Lázaro sc.
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