Lectura: “En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, por haber ocultado estas cosas a los sabios y a los prudentes y haberlas revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así lo has querido»” (Lc 10,21).
Meditación:
Jesús es Dios y Hombre; por esto se emociona, tiene sentimientos humanos, se alegra, se llena de gozo por ver como el Padre se ha manifestado a los niños y sencillos. Cuando Dios se comunica, lo hacen las tres divinas personas; el Padre manifiesta su voluntad, el Espíritu Santo genera comunión y el Hijo se solidariza, se hace hermano.
Para acoger el don que nos quiere comunicar, necesitamos sencillez, humildad, escucha, tiempo, mirada de fe, vivir la caridad… Sólo cuando plasmamos en la vida cotidiana nuestra pertenencia a Dios, siendo servidores de los otros, nos abrimos al don de Dios.
Al abrirnos a la fraternidad, nos llenamos de filiación. Jesús, aunque es Dios, no busca el protagonismo; sólo quiere la gloria del Padre. Jesús nos mira con cariño constantemente, por eso puede alegrarse de cómo el Padre nos bendice y el Espíritu Santo nos reúne como familia.
Oración: Señor, dame un corazón sencillo, que acoja tu vida.
Contemplación:
Tú me bendices… pero no hago consciente lo que me regalas y me quedo en la tristeza.
«Yo me alegro por acoger nuestros dones…».
Quiero comprometerme y alegrarme por tu bendición…
Acción: Reconocer y agradecer los dones que recibo de Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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