Lectura: “«No se alegren, de que los espíritus malignos se les sometan; alégrense más bien de que sus nombres estén escritos en el cielo». En aquel momento Jesús se estremeció de gozo, movido por el Espíritu Santo, y dijo: «Te alabo, Padre, Señor del cielo y de la tierra… haberlas revelado a los pequeños»”. (Lc 10, 20-21)
Meditación:
Los discípulos vuelven de la predicación eufóricos, porque han echado a los demonios…Fácilmente caemos en el exitismo; pensando que algo es bueno por los resultados o la productividad. Pero Jesús nos alerta y va al fondo: lo importante es el vínculo fraterno que podemos establecer con los otros o la filiación que vivimos con el Padre.
Hay gente que es muy eficiente en su trabajo, pero vive la triste realidad de que no puede relacionarse con caridad con los demás. Por eso Jesús nos dice que estemos felices porque nuestros nombres ya están escritos en el cielo para vivir eternamente.
Jesús se emociona y da gracias al Padre, porque las cosas sublimes, sólo las pueden entender y vivir los sencillos, los humildes, los pequeños… Necesitamos abrir el corazón y dejar que el Espíritu nos encienda en su amor, para dejarnos sorprender por el deseo de ir al cielo.
Oración: ¡Señor, dame un corazón sencillo, que guste tu Amistad!
Contemplación:
Me esfuerzo y busco resultados en mi trabajo… me olvido de mi relación con Dios.
«Yo tengo tu nombre escrito en mi Corazón, te amo… deja que te quiera…».
Deseo vivir en tu Amistad.
Acción: Cultivar la amistad con Jesús.
Hno. Javier Lázaro sc.
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