Lectura: “Estén como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame. Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo”. (Lc 12, 36-37)
Meditación:
Jesús se ha desposado con nuestro corazón, en la Cruz nos abre su Costado y nos infunde su Vida. Viene a nuestro encuentro en forma constante, pero necesita que nos preparemos, que anhelemos su amistad; que no nos durmamos o distraigamos con otras tareas. Él es el Señor de nuestro corazón, quiere reinar en nuestra vida, para elevarnos a lo más excelso.
Por eso, cuando le buscamos o le esperamos, llega hasta nosotros, para servirnos, se hace nuestro esclavo, sólo busca nuestro bien. Nos da su Cuerpo, nos permite gustar el banquete nupcial, ahora en cada Eucaristía y eternamente en el cielo. Con cada uno establece una relación personal y única.
Ahora nos urge despertar el corazón con afectos y el deseo de nuestra entrega; seguirlo allí donde nos llame. Es preciso corresponder a su amor de predilección. Nuestra vocación de bautizados es la entrega, para recibir el don de su amor.
Oración: ¡Señor, dispón mi corazón, toma posesión de todo mi ser!
Contemplación:
Me rodeo de ocupaciones e ignoro tu llegada y el vínculo de amistad…quedo en la soledad.
«Yo vengo, deseo que seas mi Morada… Soy tu alegría».
Quiero corresponder y entregarme a Ti.
Acción: Estar atento a la voz de Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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