Lectura: ««La voluntad del que me ha enviado es que yo no pierda nada de lo que él me dio, sino que lo resucite en el último día. Esta es la voluntad de mi Padre: que el que ve al Hijo y cree en él, tenga Vida eterna y que yo lo resucite en el último día»». (Jn 6, 39-40)
Meditación:
Cuando hablamos de la voluntad de Dios, nos viene al pensamiento la idea de aceptar lo doloroso, lo que nos exige esfuerzo, la contrariedad porque va en contra de nuestros deseos… Pero aquí Jesús nos dice que la voluntad del Padre es que lleguemos a la Vida Eterna, el banquete celestial…
La voluntad del Padre es manifestarnos su amor a través de su Hijo. Ahora su deseo es que acojamos su entrega, que vivamos el gozo, la alegría profunda por sabernos amados. La actividad principal es de Dios; sólo necesitamos apertura para recibir el don definitivo, vivir en la comunión amorosa para siempre.
Es preciso ver nuestra vida en el contexto del proyecto de salvación; no se reduce al momento puntual, donde somos peregrinos, sufrimos tentaciones, en el desierto social donde muchos no aspiran a los bienes espirituales. Cristo es el Camino que nos lleva al Padre.
Oración: Señor, enséñame a gustar tu Amistad y buscar tu Voluntad.
Contemplación:
Estoy confundido por la imposición de las modas cambiantes… sufro la desorientación y la desconfianza.
«Yo te ofrezco vivir en la amistad eterna, ábrete a la alegría».
Quiero buscar en todo tu Voluntad, vivir para Ti.
Acción: Confiar en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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