Lectura: “Cuando venga el Espíritu de la Verdad, él los introducirá en toda la verdad, porque no hablará por sí mismo, sino que dirá lo que ha oído y les anunciará lo que irá sucediendo. El me glorificará, porque recibirá de lo mío y se lo anunciará a ustedes”. (Jn 16, 13-14)
Meditación:
Como personas somos una unidad singular; cada uno poseemos una identidad particular; no debemos compararnos con nadie. Poseemos un cuerpo y un alma; pero también está el espíritu, que nos permite entrar en comunión perfecta con Dios. El Espíritu Santo viene en ayuda de nuestro espíritu, para que establezcamos un vínculo que dé sentido a la existencia, con una proyección de eternidad.
La dimensión espiritual es esencial en nuestra existencia, nos permite gustar la amistad con Dios, que es QUIEN llena nuestra vida y nos impulsa al encuentro con los otros. Con frecuencia hemos dejado lo espiritual aletargado; sabemos que está ahí latente, … es preciso desplegarla para que todo nuestro ser viva plenamente.
El Espíritu Santo es el maestro, que sin saber cómo nos va introduciendo en la amistad con Cristo y nos lleva a la relación filial con el Padre. No hace falta entender; sólo celebrarlo y vivir en la alegría.
Oración: Señor, envía tu Espíritu y renuévame interiormente.
Contemplación:
Me preocupan las cosas materiales y pasajeras y me olvido de lo espiritual y eterno…
«Yo te doy mi Espíritu, para que vivas la alegría de saberte amado…».
Quiero cultivar la amistad contigo, estás presente en mí.
Acción: Alegrarme por la vida divina en mí.
Hno. Javier Lázaro sc.
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