Lectura: “Corría Pedro y Juan juntos, pero Juan corrió más rápidamente que Pedro y llegó antes. Asomándose al sepulcro, vio las vendas en el suelo, aunque no entró. Después llegó Simón Pedro, que lo seguía, y entró en el sepulcro; … Luego entró el otro discípulo, que había llegado antes al sepulcro: él también vio y creyó” (Jn 20, 4-8).
Meditación:
A dos días de la Navidad se nos presenta el pasaje de la Resurrección de Cristo. Pues son los dos acontecimientos más importantes de nuestra vida, que nos dan sentido, que nos llaman a vivir de una manera nueva. Cristo está a nuestro lado, es nuestro hermano, nos salva y nos da la Vida Eterna.
San Juan, el discípulo amado de Jesús, nos representa a cada uno, pues todos somos elegidos y amados. Al celebrar su fiesta nos centramos en la resurrección de Cristo, para señalarnos que todos necesitamos vivenciar el encuentro con Cristo Resucitado; es lo que nos hará ver desde la fe y confiar.
La descripción que nos hace del sepulcro vacío, ya nos habla del triunfo de Cristo y del desposorio con su Iglesia; desde el bautismo nuestro corazón sólo anhela el encuentro definitivo con Él, aunque algunas veces por miedo, acallemos esta voz interior.
Oración: Señor, eres mi amado, quiero vivir para Ti.
Contemplación:
Entro en mi corazón, siento las ansias de plenitud… anhelo tu amistad.
«Yo vivo en ti, te doy mi amistad… déjame nacer y resucitar en tu corazón».
Quiero nacer de nuevo y vivir contigo.
Acción: Dejar que Cristo obre en mí.
Hno. Javier Lázaro sc.
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