Lectura: “¿Qué les parece? Si un hombre tiene cien ovejas, y una de ellas se pierde, ¿no deja las noventa y nueve restantes en la montaña, para ir a buscar la que se extravió? Y si llega a encontrarla, les aseguro que se alegrará más por ella que por las noventa y nueve que no se extraviaron” (Mt 18,12-13).
Meditación:
Cada uno es único e irrepetible. Dios nos ha hecho singulares y busca una relación personal e íntima, diferente con cada hijo. Al crearnos a su imagen y semejanza, ha puesto el germen de vida divina en nuestro corazón; siempre tenemos sed de infinito, de eternidad. Solo su amistad llena nuestro corazón.
Aunque la parábola dice que tiene cien ovejas, quiere a cada una con un amor total y absoluto; por eso cuando se pierde una, va a buscarla hasta encontrarla. Cristo siempre busca nuestra salvación, pero respeta nuestra libertad… espera que le demos señales o que despertemos el deseo del encuentro.
Lo propio del Corazón de Jesús es la alegría por su bondad infinita; por eso es preciso que vivamos en nuestro corazón el encuentro con Él; entonces nos hace partícipes de su gozo interior y nos lleva a la celebración en la comunidad.
Oración: Señor, eres mi Buen Pastor, que nada me separe de tu amor.
Contemplación:
El individualismo y el querer ser más… me separa de la comunidad-familia.
«Yo Soy el Buen Pastor y te busco… déjame entrar en tu corazón».
Quiero entregarte todo y vivir sólo para Ti.
Acción: Buscar el encuentro con los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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