Lectura: “«¿Quién de vosotros que tiene cien ovejas y pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto y va tras la descarriada, hasta que la encuentra? Y, cuando la encuentra, se la carga sobre los hombros, muy contento; y, al llegar a casa, reúne a los amigos y a los vecinos, y les dice: ¡Alegraos conmigo!»». (Lc 15, 4-6)
Meditación:
Jesús nos ama a cada uno en forma personal, única e irrepetible. Pero para nuestro crecimiento y alegría, necesitamos entregarnos a los otros y acoger el don de sus vidas. Por esto, Jesús cuando nos perdemos por el mal uso de la libertad, nos busca hasta encontrarnos.
Necesitamos la comunidad-familia; somos miembros del Cuerpo de Cristo, la Iglesia. Se ha desposado con nuestro corazón. Parece un desacierto, dejar las noventa y nueve ovejas para ir a buscar una; pero esta que se pierde es necesaria en el conjunto; Jesús necesita inclinarse para abrazarnos y expresarnos su amor.
Los otros también nos necesitan y nosotros los necesitamos a ellos. Cristo opera la unidad entre todos, aunque somos diferentes. La unión con Jesús, genera entre todos fraternidad; nos da una forma de entrega gratuita, que nos realiza, que llena nuestro espíritu y nos alegra.
Oración: Señor, quiero seguirte, dame la libertad de confiar.
Contemplación:
Los otros me generan dificultades y tiendo al individualismo…
«Yo te busco, quiero que habites mi Corazón y vivas la fraternidad».
Escucha mi grito de auxilio y ven a buscarme.
Acción: Buscar la unión con Cristo y los otros al llamado de Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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