Lectura: “En la Casa de mi Padre hay muchas habitaciones; si no fuera así, se lo habría dicho a ustedes. Yo voy a prepararles un lugar… Jesús le respondió: «Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Nadie va al Padre, sino por mí»”. (Jn 14, 2-6)
Meditación:
Hemos salido de la mano creadora de Dios, ha puesto en nuestro corazón su bondad infinita y nos llama a vivir en Él, pues todo lo dispone para nuestro bien. Somos peregrinos hacia el cielo; ahora ya anticipamos, gustamos el lugar que tenemos en el Banquete Celestial. Sólo la mirada de la fe nos permite aspirar a lo espiritual y eterno.
Tal vez, no sepamos cómo tenemos que hacer; el Camino es Cristo, es preciso identificarnos con Él, viviendo la caridad hacia los demás y dejando que obre el Espíritu Santo en nuestro corazón. En forma permanente el Espíritu nos hace sentir hijos del Padre; así deseamos la morada definitiva, que es con Él.
Cristo es la Verdad; se ha hecho Hombre para mostrarnos que la persona humana se realiza en la entrega total. Él nos lo muestra en la Cruz. Nosotros vivimos la verdad a cada momento en las renuncias, en el agradecimiento, la alabanza y la alegría de ser amados.
Oración: Señor, eres mi Camino, mi Verdad y mi Vida.
Contemplación:
El relativismo me confunde… cambio de sentido y me desorienta…
«Yo Soy el mismo siempre… ven a Mí, sígueme, soy el Camino».
Quiero responderte con firmeza, determinación, con entrega total y exclusiva.
Acción: Fijar la mirada en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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