Lectura: “El Reino de los Cielos se parece a un tesoro escondido en un campo; un hombre lo encuentra, lo vuelve a esconder, y lleno de alegría, vende todo lo que posee y compra el campo” (Mt 13, 44).
Meditación:
En este capítulo de Mateo, nos habla de un campo y de sembrar: según dónde caiga la semilla así da fruto, de la semilla de cizaña, del grano de mostaza… Ahora se centra en el campo, que es nuestro corazón y que contiene un tesoro que precisamos descubrir y conquistar. Dios ha puesto su Vida divina en nuestro corazón, pero es preciso acogerla y comprometernos en forma total para que todo tenga sentido.
Hacemos muchas cosas inconexas, que nos dejan vacíos. Necesitamos encontrar la vocación a la que Dios nos llama, que nos comprometa al 100% para que nos integre totalmente, que nos permita dejar todos los pasatiempos, las evasiones y la superficialidad. Solo entonces somos felices.
El tesoro es Cristo que nos habita y nos llama a vivir radicalmente con Él y para Él. El desposorio con Jesús (como voluntad de entregarnos y acoger su amor) nos llena de alegría. Necesitamos corresponder a su entrega total, con generosidad, con determinación y para siempre.
Oración: Señor, eres mi tesoro; ayúdame a conquistar mi corazón.
Contemplación:
Siento divisiones en mi corazón… no me siento dueño de mí… no sé quién soy.
«Yo te doy unidad, te recibo. Mi amistad te da identidad y alegría».
Quiero vivir contigo, habitar en tu Corazón.
Acción: Cultivar la interioridad y unificar mis afectos.
Hno. Javier Lázaro sc.
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