Lectura: “Como el Padre me amó, también Yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi Amor… Este es mi mandamiento: Ámense los unos a los otros, como yo los he amado. No hay amor más grande que dar la vida por los amigos. Ustedes son mis amigos si hacen lo que Yo les mando”. (Jn 15, 9-14)
Meditación:
El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, son un solo Dios, están en una perfecta comunión, en un eterno presente. Nos han hecho partícipes de esta relación de mutua entrega; con el Padre somos hijos, con el Hijo somos hermanos y con el Espíritu Santo somos comunión con Dios y los otros.
Cristo recibe el amor del Padre; nos da su vida, uniéndonos a su Cuerpo y ofreciéndose al Padre, que nos recibe y nos infunde los sentimientos por el Espíritu, para que vivenciemos su amor. Todo esto lo experimentamos en la intimidad del corazón y nos permite estar presentes amando al prójimo.
Permanecer en el amor de Cristo, supone cultivar la amistad, acoger su Palabra, celebrar que somos amados, vivir en su presencia, entregarle todo lo que somos y hacemos. El vínculo con Jesús nos permite vivir la fraternidad con los otros.
Oración: Señor, gracias porque me amas y me llamas a darme.
Contemplación:
No puedo tener todo bajo control… el Espíritu actúa en mi corazón y me vincula…
«Yo soy el Hijo, te recibo y juntos nos entregamos al Padre».
Quiero fundirme en tu Oblación, ser tuyo.
Acción: Gustar la comunión con Dios y con los otros.
Hno. Javier Lázaro sc.
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