Lectura: “Luego dijo a Tomás: «Trae aquí tu dedo: aquí están mis manos. Acerca tu mano: Métela en mi costado. En adelante no seas incrédulo, sino hombre de fe». Tomas respondió: «¡Señor mío y Dios mío!». Jesús le dijo: «Ahora crees, porque me has visto. ¡Felices los que creen sin haber visto!»”. (Jn 20, 27-29)
Meditación:
Tomás no puede creer el testimonio de los otros, que le dicen que Jesús ha resucitado. Pide tener una vivencia personal, de encuentro íntimo. Por esto, Jesús le llama por su nombre y le introduce en su misterio de amor, haciéndole tocar las llagas de sus manos y costado. Le hace ver que es el mismo que murió en la Cruz.
Jesús le hace sentir los latidos de su Corazón, pero ahora ya Resucitado, vive entre nosotros. Le hace tocar su carne, le pone en comunión con el Padre y con todos los que creemos en Él. Todos podemos tener esta experiencia cuando contemplamos a Cristo traspasado.
No necesitamos entender el misterio del amor Dios, pues es inabarcable; es suficiente con dejarnos alcanzar por la irradiación de su Luz que nos llega por la fe; creer sin ver con la comprobación es un regalo del Espíritu. Damos gracias, porque somos felices por sabernos amados.
Oración: Señor, gracias porque me dejas sentir tu presencia resucitado.
Contemplación:
Dejo que Jesús lleve mi mano a sus llagas… siento el amor del Padre.
«Yo Soy Dios y Hombre, te hago sentir a los otros como hermanos».
¡Señor mío y Dios mío!
Acción: Contemplar con fe a Cristo traspasado.
Hno. Javier Lázaro sc.
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