Lectura: “Nadie que ha encendido una lámpara, la tapa con una vasija o la mete debajo de la cama, sino que la pone en el candelero para que los que entren vean la luz. Pues nada hay oculto que no llegue a descubrirse ni nada secreto que no llegue a saberse y hacerse público”. (Lc 8, 16-17)
Meditación:
Cristo es nuestra Luz y nos ha bendecido con infinidad de dones; que estamos llamados a poner al servicio de los demás, para que también seamos luz. Cuando escondemos nuestros talentos, se atrofian y la luz se a apaga para nosotros y dejamos a otros sin la respuesta que necesitan.
Las cualidades personales, no son para que nos dejemos llevar por la soberbia, por pensar que somos mejores o superiores. Necesitamos abrirnos al servicio de los otros, animados por el Espíritu, con caridad. Sólo así encontraremos la paz y la alegría. Cuando nos guardamos o protegemos a nosotros mismos por comodidad o miedo caemos en la tristeza.
Al hacer algo bueno, damos gracias a Dios porque nos ha dado la fuerza de voluntad para realizarlo y además evitamos compararnos o juzgar a los otros. Estamos atentos para agradecer y alabar a Dios por los dones que los otros han recibido.
Oración: ¡Señor, gracias porque me impulsas a realizar el bien!
Contemplación:
Me comparo con los otros y me dejo llevar por la envidia…
«Yo Soy la fuente de bondad, agradece el bien que haces o ves a tu alrededor».
Quiero servir gratuitamente a los demás.
Acción: Reconocer los dones que he recibido.
Hno. Javier Lázaro sc.
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