Lectura: “Zacarías, su padre, quedó lleno del Espíritu Santo y dijo proféticamente: «Bendito sea el Señor, el Dios de Israel, porque ha visitado y redimido a su Pueblo, y nos ha dado un poderoso Salvador en la casa de David, su servidor… Así tuvo misericordia de nuestros padres y se acordó de su santa Alianza…»”. (Lc 1, 67-72)
Meditación:
Cuando Zacarías reconoce la intervención de Dios en su familia haciendo que nazca Juan Bautista, entonces acoge al Espíritu Santo, se le suelta la lengua y puede empezar alabar a Dios, porque va a enviar a Cristo, como Salvador. En la medida que no agradecemos y alabamos a Dios por sus maravillas, también quedamos mudos, encerrados en nosotros mismos…
Zacarías ahora puede cantar, pero de las cinco estrofas que tiene el cántico, en cuatro habla de Cristo y en una sola de su hijo Juan. En nuestra oración, con frecuencia, nos centramos en lo que nos pasa, pero no reconocemos el accionar de Dios en la historia…
La llegada de Cristo cambia nuestra vida radicalmente, se hace Hombre, nos eleva a la dignidad de hijos del Padre, … Jesús se propone como modelo de virtudes humanas y espirituales para imitar. En Él tenemos el ideal perfecto que nos hace felices.
Oración: Señor, gracias porque vienes y me haces nacer de nuevo.
Contemplación:
Busco referentes sociales para imitar… pero me olvido de Ti.
«Yo Soy el Camino, la Verdad y la Vida…»
Quiero seguirte e identificarme contigo, viviendo en tu amistad.
Acción: Pedir al Espíritu que aliente mi oración.
Hno. Javier Lázaro sc.
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