Lectura: “Tomando la palabra, Simón Pedro respondió: «Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo». Y Jesús le dijo: «Feliz de ti, Simón, hijo de Jonás, porque esto no te lo ha revelado ni la carne ni la sangre, sino mi Padre que está en el cielo. Y yo te digo: «Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia,…»” (Mt 16, 16-18).
Meditación:
Pedro impulsado e inspirado por el Espíritu Santo y el Padre, confiesa QUIÉN es Jesús; lo reconoce como el Hijo de Dios. No se guarda lo que ha recibido y lo expresa, da testimonio de Cristo. Sólo entonces tiene la vivencia de su cercanía.
Todos recibimos mociones del Espíritu Santo en nuestro corazón; sólo necesitamos guardar silencio, escuchar, para dejar que se encienda el fuego de su amor. Todos los sentimientos o pensamientos buenos que percibimos en nuestro interior, son un regalo del Espíritu, que es preciso agradecer y dar testimonio de esa presencia de Dios.
No son suficientes la inteligencia y la voluntad humana, en todo necesitamos la gracia divina. Dios se nos comunica en el corazón; ahí podemos hacer la síntesis de nuestra vida y nos damos comprometidamente. Pedro, se siente confirmado para ser el vicario de Cristo.
Oración: Señor, haz que acoja lo que me comunicas y lo viva desde el corazón.
Contemplación:
Hago muchas cosas… pero ignoro lo que siento en el corazón…
«Yo te hablo de Corazón a corazón… te comunico mi amor».
Quiero escuchar tu voz y seguirte con determinación.
Acción: Reconocer las mociones del Espíritu.
Hno. Javier Lázaro sc.
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