Lectura: “Cuando tú des limosna, que tu mano izquierda ignore lo que hace la derecha, para que tu limosna quede en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará”. (Mt 6, 3-7)
Meditación:
Jesús nos llama a vivir la caridad, que es hacer el bien, pero con los sentimientos y la fuerza de Dios. La derecha es signo del poder divino, de lo espiritual, de la vinculación con el Espíritu Santo. Dar limosna a los necesitados supone acoger el don de Dios en nuestro corazón; dejarnos transformar interiormente; no depende de ser ricos o pobres en lo material. Es una riqueza del corazón.
El bien que realizamos necesitamos ordenarlo para la gloria de Dios; cuando nos lo atribuimos a nosotros mismos lo rebajamos, perdemos la comunión con Cristo; aunque hagamos el bien, lo dejamos en el plano humano y nos puede perjudicar si nos llena de soberbia o nos lleva a creernos mejores o superiores a los demás.
Todo el bien que hagamos necesitamos referirlo a Dios, por el agradecimiento, la alabanza, el deseo de fraternidad, la comunión en el Espíritu Santo… En todo momento es preciso purificar la intención, ofreciéndonos para realizar el bien con caridad, guiados por el amor al Padre.
Oración: Señor, haz que ayude a los otros en tu Nombre y para tu Gloria.
Contemplación:
Hago muchas cosas buenas, pero sólo buscando el reconocimiento y el aplauso de los otros.
«Yo sólo busco la voluntad del Padre».
Quiero vivir en tu presencia y entregarte todo mi ser.
Acción: Obrar con humildad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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