Lectura: “Pero ¡ay de ustedes, fariseos, que pagan el impuesto de la menta, de la ruda y de todas las legumbres, y descuidan la justicia y el amor de Dios! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Ay de ustedes, fariseos, porque les gusta ocupar el primer asiento en las sinagogas y ser saludados en las plazas!”. (Lc 11, 42-43)
Meditación:
Los fariseos son los que aparentan ser buenos hacia afuera, pero en el interior son hipócritas; no buscan la gloria de Dios, quieren el aplauso y el reconocimiento de los demás. Esto puede ser conscientemente o también por inmadurez afectiva; son personas que sólo se dejan llevar por su deseo de bienestar o placer; han renunciado a vivir en la verdad y el bien.
Nosotros somos felices cuando buscamos la justicia (en el lenguaje bíblico, “justicia” o justificación, significa santidad). Sólo en la medida que nos entregamos al servicio de Dios ayudando a los demás o dándole gracia, empezamos a gustar el gozo interior que nos regala el Espíritu.
Jesús alerta, “quien quiera ser el primero, que se haga servidor de todos”. Que los otros nos reconozcan no nos agrega nada; sólo el sabernos amados por Dios nos da identidad, nos infunde un ideal y nos llena de alegría.
Oración: ¡Señor haz que busque tu amistad y todo lo haga por Ti!
Contemplación:
Estoy insatisfecho y exijo a los demás valoración y aplauso…
«Yo sano tu corazón y lo lleno de gozo espiritual…».
Quiero vivir sólo para Ti, sirviendo a los otros…
Acción: Renunciar a los halagos y aplausos.
Hno. Javier Lázaro sc.
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