Lectura: “Traten de entrar por la puerta estrecha, porque les aseguro que muchos querrán entrar y no lo conseguirán. En cuanto el dueño de casa se levante y cierre la puerta, ustedes, desde afuera, se pondrán a golpear la puerta, diciendo: «Señor, ábrenos». Y él les responderá: «No sé de dónde son ustedes»». (Lc 13,24-25).
Meditación:
La puerta estrecha es la que nos lleva al encuentro personal, a la amistad profunda con Cristo, donde nos podemos mirar a los ojos y expresarnos el cariño. Con frecuencia estamos juntos, pero evadimos la mirada del otro; nos falta el compromiso de asumir compasivamente las debilidades de los demás. El individualismo nos lleva a la soledad y la tristeza.
La familiaridad en el trato con Jesús hace que nos conozcamos y que conozcamos su voz, los anhelos más profundos. Esto hace que cuando pedimos algo ya conozca nuestra voz y nos abre su Corazón para llenarnos de su amor.
La amistad con Cristo nos lleva al encuentro con los otros; Él se hace presente en las necesidades de los demás; cuando vivimos la caridad con los pobres, los niños, los jóvenes,… ayudamos a Jesús, que se ha hecho nuestro hermano y nos llama a la fraternidad, a la bienaventuranza eterna.
Oración: Señor, haz que busque tu mirada y entre en tu Corazón.
Contemplación:
Busco las cosas fáciles, la puerta ancha… pero me pierdo tu Mirada.
«Yo Soy la Puerta, entra por mí… te conozco y te amo».
Quiero seguirte y ser tuyo eternamente.
Acción: Por Cristo vivir la caridad con los necesitados.
Hno. Javier Lázaro sc.
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