Lectura: “«Llevé a mi hijo a tus discípulos, pero no lo pudieron curar». Jesús respondió: «¡Generación incrédula y perversa! ¿Hasta cuándo estaré con ustedes? ¿Hasta cuándo tendré que soportarlos? Tráiganmelo aquí». Jesús increpó al demonio, y este salió del niño que, desde aquel momento, quedó curado”. (Mt 17, 16-18)
Meditación:
Con frecuencia llevamos años luchando contra alguna debilidad o dolor (el hijo que se menciona) y no lo podemos superar por nuestra falta de fe. Dios siempre respeta nuestra libertad, por eso espera un cambio de actitud para que pueda actuar. Es preciso aprender a confiar. El demonio, es el mal espíritu, que nos puede dominar por nuestra soberbia y falta de conocimiento personal.
Necesitamos conocernos y aceptarnos con humildad, sólo entonces estamos abiertos al cambio o la superación. Cuando negamos un problema, no lo podemos resolver. En la medida que creemos y confiamos en el amor de Dios, nos abrimos a la esperanza y podemos cambiar, seguros en la ayuda de la gracia.
Hay debilidades, que pueden ser camino de santificación, porque son causa o fuente de lucha constante por la superación, de humildad, de compasión hacia los demás… Cuando nos vemos débiles entonces somos fuertes, porque confiamos en Cristo que siempre está viniendo en nuestro auxilio.
Oración: Señor, haz que confíe en tu Misericordia y me abra a tu Amor.
Contemplación:
No acepto que tengo debilidades y por tanto no me quiero, ni pido ayuda…
Yo te llamo a confiar, te llevo en mi Corazón.
Quiero ser tuyo, transfórmame interiormente...
Acción: Aceptarme tal como soy y confiar.
Hno. Javier Lázaro sc.
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