Lectura: “El Ángel le dijo: «No temas, María, porque Dios te ha favorecido. Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús; él será grande y será llamado Hijo del Altísimo. El Señor Dios le dará el trono de David, su padre»”. (Lc 1, 30-32)
Meditación:
El Ángel, empieza felicitando a María y luego previniéndola, para que no se deje llevar por el miedo, ante el misterio que el Espíritu va a realizar en Ella, convirtiéndola en Madre de Dios y luego nuestra. Al escuchar la voz del Ángel, María no tiene miedo; sí está sorprendida, pues es el hecho en sí la desborda. La comunicación del Ángel, no la asusta, pues en forma constante tiene su corazón en Dios.
La Virgen María concibe por obra del Espíritu Santo; vive el don recibido como una entrega; no se queda en la autocomplacencia de sí misma. Se convierte en el instrumento de Dios, que quiere salvarnos.
Al recordarnos que Jesús es el descendiente de David, nos está diciendo que Dios es fiel a sus promesas. Nosotros fallamos, pero Él cumple siempre la Alianza. Había prometido un Salvador y aquí está. Nuestra entrega es posible, cuando ponemos nuestra confianza en Dios; y no en nosotros mismos.
Oración: Señor, haz que confíe en tu Palabra y me entregue a Ti.
Contemplación:
Exalto y agrando mis miedos; e ignoro el don que recibo de Dios.
«Yo te llamo y te sostengo, confía».
Quiero entregarme, soy tuyo. María ayúdame.
Acción: Aceptar el don de Dios y entregarme a Él.
Hno. Javier Lázaro sc.
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