Lectura: “Aprendan esta comparación, tomada de la higuera: cuando sus ramas se hacen flexibles y brotan las hojas, ustedes se dan cuenta de que se acerca el verano. Así también, cuando vean que suceden todas estas cosas, sepan que el fin está cerca, a la puerta” (Mc 13, 28-29).
Meditación:
Jesús nos alerta sobre el final de nuestra vida en la tierra y cómo necesitamos estar atentos a los signos que percibimos en nuestro corazón. En forma constante está llamado a la puerta … para que vivamos en su amistad. Sólo cuando nos unimos a Cristo por la caridad, el Padre nos reconoce como hijos y nos da acceso a la Vida Eterna.
Con facilidad caemos en la rutina, en vivir en “automático” sin hacer consciente nuestra vocación de hijos del Padre y el llamado al banquete celestial. Es preciso despertar y dar a todo un sentido trascendente, espiritual, con perspectiva de que somos familia de Dios.
Estamos llamados a vivir en intimidad con Cristo, para establecer un vínculo; es preciso acoger las mociones que nos regala el Espíritu y que siempre son una llamada a la entrega y al servicio de los otros, descubriéndolos como hermanos. El Espíritu nos regala la alegría que nadie nos puede quitar.
Oración: Señor, haz que descubra los signos de tu presencia en mí.
Contemplación:
Caigo en pensar que nada se puede cambiar… Desconozco mi interioridad.
«Yo sigo actuando… escucha mi voz. Descubre los signos de mi presencia en tu corazón».
Quiero vivir para Ti.
Acción: Estar atento a la acción del Espíritu.
Hno. Javier Lázaro sc.
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