Lectura: “Jesús les respondió: «Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. (Mc 9, 5-8).
Meditación:
Dios nos ha creado a cada uno con una identidad propia, singular; y a su vez, varón y mujer, distintos y complementarios. Pues nos ha hecho a su imagen y semejanza, llamados a la entrega; pues la persona sólo se realiza viviendo para Dios y los otros.
Ha querido instituir el matrimonio, como forma de participar de la unidad entre el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cristo ha dado la vida por su esposa, la Iglesia (que somos cada uno de los bautizados). El matrimonio entre un hombre y una mujer, es signo de la entrega de Cristo, que siempre es fiel.
Es necesario educar el corazón afectivamente, para vivir en constante entrega, en oblación y ser fieles al compromiso. La indisolubilidad del matrimonio, siempre nos remite a la unidad de la Trinidad y pedir con humildad la fidelidad.
Oración: Señor, haz que eduque mi corazón para la entrega constante.
Contemplación:
Las tendencias egoístas me impiden salir de mí, darme por entero…
«Yo doy la Vida por ti, necesitas acogerme y darte comprometidamente para ser feliz».
Quiero vivir el desposorio contigo, dándome gratuitamente…
Acción: Buscar el bien del otro siempre.
Hno. Javier Lázaro sc.
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