Lectura: “Cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará” (Mt 6, 3-4).
Meditación:
Al comenzar la Cuaresma, Jesús nos pide una relación personal e íntima con el Padre; desde el corazón, abriéndonos a su acción misericordiosa. Aún, el bien que hacemos al prójimo es preciso que no nos confundamos con la propaganda, creyendo que si los demás lo saben es mejor; pues caemos en una búsqueda desordenada de nosotros mismos. En todo momento es preciso que habitemos el corazón y que nos encontremos con el Espíritu que nos habita y se entrega totalmente al Padre y al Hijo.
Cuando buscamos esa comunión, recibimos la gracia del Espíritu para darnos gratuitamente y con la fuerza divina. Es preciso dejar obrar a Dios en nuestro corazón; permitir que nos enamore, para encontrar en Cristo todas las motivaciones y vivir el fuego de su amor.
La recompensa siempre es cierta y verdadera; seguro que supera lo que podríamos calcular; pues se nos da en una perspectiva espiritual, que no tiene límites y con una proyección eterna. Nunca estamos solos; siempre gozamos de la mirada amorosa del Padre.
Oración: Señor, haz que viva en tu amor y en tu Nombre sirva a los hermanos.
Contemplación:
Pienso que lo que ven los otros, tiene valor.., ignoro la mirada de Dios.
«Yo Soy Quién cuido tu corazón…».
Dame fe, para que viva el amor a Ti.
Acción: Vivir en la presencia del Señor.
Hno. Javier Lázaro sc.
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