Lectura: “Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!»». (Jn 20, 15-16)
Meditación:
El primer libro de la biblia, el génesis, empieza por la creación y el paraíso, que se pierde por el pecado. Pero Jesús una vez que resucita, aparece en un jardín, donde le manifiesta el definitivo paraíso de la vida eterna. María Magdalena, nos representa a todos, a la Iglesia, la esposa del nuevo Adán, Cristo resucitado.
Como la Magdalena buscamos a Dios para nuestro consuelo; pero Él se nos da como un torrente de Vida Nueva; es nuestro Amado. Lo podemos reconocer cuando escuchamos su voz y nos sentimos llamados, elegidos, pues pronuncia nuestro nombre. Cristo es nuestro único Maestro, entonces reconocemos el Camino.
Esta vivencia que la Magdalena recibe, no la puede guardar para ella sola; por eso Jesús le pide, “ve y anuncia a mis hermanos…”. Con la resurrección de Cristo nacemos de nuevo y la relación es de desposorio y fraternidad, de unidad y fidelidad.
Oración: Señor, haz que escuche tu Palabra y viva sólo para Ti.
Contemplación:
Tengo las expectativas muy limitadas y terrenas… busco el consuelo del momento.
«Yo Soy la Resurrección y la Vida, deseo que vivas eternamente conmigo».
Quiero seguirte radicalmente, soy sólo tuyo.
Acción: Entregar a Cristo todo mi ser.
Hno. Javier Lázaro sc.
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