Lectura: “Mis ovejas escuchan mi voz, yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy Vida eterna: ellas no perecerán jamás y nadie las arrebatará de mis manos. Mi Padre, que me las ha dado, es superior a todos y nadie puede arrebatar nada de las manos de mi Padre”. (Jn 10,27-29)
Meditación:
La voz de Jesús nos envuelve, su Palabra llena todo nuestro ser, nos permite entrar en comunión profunda con Él. Cuando nos rodeamos de silencio interior y exterior, podemos escucharle, sentir su presencia, percibir su amor. El sentido de la vista nos muestra una perspectiva externa de las cosas; el sentido del oído recibe el aliento divino y llega al corazón.
Jesús también nos conoce, pues nos escucha continuamente, sabe lo que nos preocupa y alegra; en la oración llegamos a su Corazón. Como Buen Pastor nos cuida; es el encargo que ha recibido del Padre, que nos quiere junto a Él eternamente.
Podemos seguir a Jesús cuando permanecemos en Él, guardando su Palabra, celebrando su misericordia y dejándonos guiar por el Espíritu Santo. El maligno existe y constantemente quiere apartarnos de la amistad con Jesús; pero Dios es infinitamente superior y nada tenemos que temer. El Padre nos cuida providencialmente en todo momento.
Oración: Señor haz que escuche tu voz y llegue a tu Corazón.
Contemplación:
Aún en la oscuridad percibo tu Presencia… tu Voz resuena en mi corazón.
«Yo te escucho, te mantengo a mi lado, te recibo en mi Corazón».
Tú eres mi Buen Pastor.
Acción: Escuchar y guardar la Palabra de Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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