Lectura: “Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Pues como Jonás fue un signo para los habitantes de Nínive, lo mismo será el Hijo del hombre para esta generación”. (Lc 11, 29-30)
Meditación:
El signo de Jonás, es que fue tragado por un pez y a los tres días fue devuelto a la playa… después va a predicar a Nínive y esta ciudad se convierte a Dios. Esto es un signo de la Resurrección de Cristo. No son importantes en nuestra vida los espectáculos o los eslogan del momento. Lo determinante es que Dios, en la persona de Cristo, se ha hecho Hombre, ha muerto y ha resucitado por nuestro amor.
Así, por Jesús somos llamados a una Vida comprometida, siguiéndolo a Él que nos ofrece la Vida Eterna. Por eso, cada vez que vemos un crucifijo, recordamos que somos amados infinitamente y el Padre nos espera en el Banquete del cielo.
Jonás pedía la conversión, de lo contrario serían destruidos…Dios ve el cambio de corazón y se compadece, tiene misericordia, nos abraza. Nosotros también cuando hacemos lo que podemos, estamos llamados a confiar, pues Cristo nos ha comprado con su Sangre.
Oración: Señor, haz que me convierta y viva confiado en tu Amor.
Contemplación:
Vivo el momento y no veo la trascendencia de mi vida… esto me angustia.
«Yo Soy la Resurrección y la Vida, cree en Mí…».
Quiero vivir la fraternidad desde ahora y eternamente.
Acción: Confiar en Cristo que me ama.
Hno. Javier Lázaro sc.
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