Lectura: «Llevaron al niño a Jerusalén para presentarlo al Señor, como está escrito en la Ley: «Todo varón primogénito será consagrado al Señor». También debían ofrecer un sacrificio de un par de tórtolas o de pichones de paloma, como ordena la Ley del Señor» (Lc 2, 22-24).
Meditación:
Jesús es el Hijo único del Padre, que se hace Hombre por obra del Espíritu Santo en el seno de la Virgen María. Pero una vez que nace, María y José, aunque saben que es el Hijo de Dios, se someten a la ley de Moisés dada a los judíos, y lo llevan al templo, para ofrecerlo. Esto era obligatorio para todos los primogénitos.
Pero como los niños no podían quedar ahí, los padres los recuperaban entregando a cambio otra ofrenda; en este caso un par de palomas. Este ya es un signo de la entrega total de Cristo en la Cruz. Imaginemos la emoción de María, José; y del Padre que ve a su Hijo, Niño.
Cristo por su muerte y resurrección, en el bautismo, nos ha injertado en su Cuerpo, y así nos ha hecho hijos del Padre, hermanos con Él y entre nosotros. Además, al estar unidos a Él, somos primogénitos, predilectos, amados…
Oración: Señor, haz que me ofrezca a Ti y contigo al Padre.
Contemplación:
Me has elegido desde antes de la creación del mundo…pero ahora me haces de tu familia.
«Yo te llamo, te santifico, te consagro, eres mi hermano…».
Quiero alegrarme como hijo amado del Padre.
Acción: Vivir en una actitud de entrega.
Hno. Javier Lázaro sc.
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