Lectura: “Después de esto, salió y vio a un publicano llamado Leví, sentado al mostrador de los impuestos, y le dijo: «Sígueme». Él, dejándolo todo, se levantó y lo siguió. Leví ofreció en su honor un gran banquete en su casa, y estaban a la mesa con ellos un gran número de publicanos y otros” (Lc 5, 27-29).
Meditación:
Jesús nos acepta tal como somos, con los pecados y virtudes. Quiere compartir la mesa con nosotros; acepta lo que le podamos ofrecer, aunque nos parezca poco o de escasa calidad. El estar con Él ya nos ilumina el corazón y nos llena de alegría. Espera que le invitemos y que permanezcamos en su presencia.
Mateo (Levi) tiene fama de ladrón, pues se dedica a cobrar impuestos; pero Jesús se fija en Él y le llama a su seguimiento. No hace una selección entre muchos, se fija y nos mira a cada uno. Sólo necesitamos confiar y dejar todo; entonces empezamos a vivir la fiesta en nuestro corazón.
Mateo cambia la mesa del dinero (donde vive en la soledad, aunque está rodeado de gente), por la mesa del compartir, donde se entrega y acoge a los otros como hermanos. Mateo invita y Cristo, que es quien nos da paz.
Oración: Señor, haz que mi corazón permanezca unido a Ti.
Contemplación:
Busco seguridades en las cosas materiales… Jesús, sólo necesito tu mirada.
«Yo veo la sed de tu corazón… te llamo a vivir en mi amistad…».
Gracias porque me amas y das sentido a mi vida.
Acción: Responder al llamado con determinación.
Hno. Javier Lázaro sc.
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