Lectura: “Entonces se aproximó… otro de sus discípulos le dijo: «Señor, permíteme que vaya antes a enterrar a mi padre». Pero Jesús le respondió: «Sígueme, y deja que los muertos entierren a sus muertos»”. (Mt 8, 21-22)
Meditación:
Cuando escuchamos la propuesta de Jesús siempre es superadora, no es comparable con nada de lo que nos propone este mundo. El ideal que nos presenta nos enaltece e ilusiona; pero es exigente, su seguimiento nos pide que le entreguemos todo, incluido el corazón. Pues se trata de vincularnos con Él desde lo más íntimo y personal, compromete toda nuestra existencia. En la medida que nos entregamos, Cristo llena nuestro corazón de paz y alegría.
Al discípulo del evangelio Jesús no le pide que desprecie a su familia; pero sí que establezca un nuevo orden de prioridades, que ahora ame con sus sentimientos. La referencia a los muertos, nos hace ver, que no podemos quedar anclados en nuestras heridas del pasado.
En el llamado de Jesús a su seguimiento, nacemos de nuevo, nos da una esperanza. Perdonamos a quienes nos han hecho daño, a quien haya originado nuestra herida. Jesús quiere que miremos hacia adelante. Ahora lo determinante es la relación personal con Cristo, para que recibamos su Amor infinito.
Oración: Señor, haz que mire tu Corazón y reciba tu Amor.
Contemplación:
Jesús, perdona que algunas veces quedo “tildado” en el pasado e ignoro tu llamado.
«Yo sano todas las heridas, te hago gustar mi Amistad».
Quiero poner mi corazón en Ti y confiar.
Acción: Poner la mirada sólo en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano