Lectura: “Vosotros, los fariseos, limpiáis por fuera la copa y el plato, pero por dentro rebosáis de rapiña y maldad. ¡Necios! El que hizo lo de fuera, ¿no hizo también lo de dentro? Con todo, dad limosna de lo que hay dentro, y lo tendréis limpio todo». (Lc 11, 39-41)
Meditación:
En forma constante necesitamos trabajar para vivir la unidad como personas individuales, como familia o comunidad. La unidad, vivida en la verdad, en lo que es esencial a nuestra existencia, siempre nos lleva a la Paz. El corazón es el centro unificador, es la fuente de los afectos, impulso de la voluntad y alcanzamos el conocimiento espiritual. Cuando al corazón lo ignoramos vivimos en función de lo que nos exigen las modas o el consumismo.
Podemos ayudar a los demás por nuestra entrega de corazón: viviendo la vocación, la alegría del llamado, la gratuidad… Cuando las motivaciones son sólo sociales o externas, caemos en la inconstancia, la tristeza, la confrontación,…
Sólo necesitamos buscar la mirada de Cristo, que ve nuestro corazón, y nos abraza tal como somos. Pero es preciso vivir en complicidad, en comunión con su Corazón, recibiendo su fuerza, dando gracias, dejando que obre en nuestro interior,… y entonces somos sus testigos en el mundo.
Oración: ¡Señor, haz que obre de corazón y manifieste el gozo de tu amistad!
Contemplación:
Hago muchas cosas, pero sin una implicación personal… para que me valoren.
«Yo siembro en tu corazón mi Reino…».
Quiero vivir la unidad de vivir en tu Amistad.
Acción: Cultivar la interioridad y el encuentro.
Hno. Javier Lázaro sc.
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