Lectura: “María dijo entonces: «Mi alma canta la grandeza del Señor, y mi espíritu se estremece de gozo en Dios, mi salvador, porque Él miró con bondad la pequeñez de tu servidora. En adelante todas las generaciones me llamarán feliz, porque el Todopoderoso he hecho en mí grandes cosas: ¡su Nombre es santo!»”. (Lc 1, 46-49)
Meditación:
La Virgen está en la casa de su prima Isabel, va diligentemente a ayudarla, y ésta la saluda con “bendita tú entre las mujeres y …” Pero, María, llena del Espíritu Santo y con Cristo en su seno, responde con este canto de alabanza a Dios: el magníficat. Nuestra Madre se estremece de gozo, de alegría… Ella es la Elegida para ser la Madre de nuestro Salvador.
Es la bondad de Dios la que ha embellecido su Corazón Inmaculado. María, no se atribuye ningún mérito; orienta toda la gloria hacia Dios; pues Él es el Santo, que nos santifica a todos y nos llena de Vida.
Nosotros buscamos que los demás conozcan nuestros logros y lo que hacemos; cuando en realidad sólo lo hemos podido realizar por la gracia de Dios. María acepta que la veneremos, la cantemos, … como una forma de alabar y dar gloria a Dios.
Oración: Señor, haz que reconozca tu bondad en mi vida y te agradezca.
Contemplación:
Vienes Madre a mi corazón y me enseñas a reconocer la gracia de Dios…
«Sí, hijo, educa tu corazón para cantar y alabar sólo a Dios…».
Quiero Virgen María unirme a tu alabanza.
Acción: Glorificar a Dios por María.
Hno. Javier Lázaro sc.
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