Lectura: “Jesús le preguntó: «Mujer, ¿por qué lloras? ¿A quién buscas?». Ella, pensando que era el cuidador de la huerta, le respondió: «Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo iré a buscarlo». Jesús le dijo: «¡María!». Ella lo reconoció y le dijo en hebreo: «¡Raboní!», es decir «¡Maestro!»” (Jn 20, 15-16).
Meditación:
María Magdalena busca a Jesús con todo su ser, implica todas sus potencias y en orden: 1°. Sus afectos; ella llora, su corazón está en Cristo, aunque no lo ve; 2° Su voluntad; se mueve, va de un lugar u otro, pregunta; 3° Su inteligencia; piensa que es el jardinero, razona; aunque esta facultad es la más equivocada.
En la medida que buscamos a Cristo, sale a nuestro encuentro y se nos manifiesta. Es preciso salir de la pasividad para iniciar el círculo del amor: primero me doy, acojo al otro y genero la unidad con los demás. Es necesario tener la iniciativa.
Jesús la llama por su nombre; la amistad genera identidad; cuando sé quién soy, me acepto y puedo reconocer a los demás. Necesito encontrarme con Jesús, reconocerlo como Dios y Hombre, entonces me enseña y se convierte en mi Maestro.
Oración: Señor, haz que te busque con todo mi ser y me entregue a Ti.
Contemplación:
Me siento dividido, te busco con alguna parte de mí y en algunos momentos.
«Yo te quiero con todo mi Corazón; doy la vida por Ti».
Integra todo mi ser. Eres mi fundamento.
Acción: Buscar a Cristo con todo mi ser, siempre.
Hno. Javier Lázaro sc.
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