Lectura: “Los reyes de oriente se pusieron en camino y, de pronto, la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron” (Mt 2, 9-11).
Meditación:
Jesús se hace Hombre por el bien de cada persona y de la humanidad; no es exclusividad de los judíos; por eso vienen a adorarlo de otros pueblos de oriente. En todas las culturas hay semillas de verdad. El Espíritu ha preparado el corazón de estos hombres, que llamamos los Reyes magos.
Dios se manifiesta a toda persona, pero necesitamos reconocerlo por la fe en su amor infinito; no son suficientes las pruebas científicas. La estrella simboliza la mirada de la fe, que nos guía en el misterio del encuentro con Cristo. Lo reyes lo reconocen en la debilidad del Niño.
En algún momento, se nos puede esconder la estrella de la fe, pero tenemos la seguridad que está; es preciso arrodillarnos, adorar a Jesús; entonces vienen en nuestra ayuda los afectos, que nos hablan de un amor gratuito. La Virgen María nos acompaña siempre…
Oración: Señor, haz que te busque y te adore, eres mi Rey y Señor.
Contemplación:
Busco la Luz, necesito fe, … quiero seguirte y adorarte, eres mi Rey.
«Yo te llamo… voy hacia ti… doy sentido a tu vida».
Quiero adorarte, entregarme a Ti.
Acción: Caminar hacia Cristo guiado por la fe.
Hno. Javier Lázaro sc.
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