Lectura: “Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del hinojo y del comino, y descuidan lo esencial de la Ley; la justicia, ¡la misericordia y la fidelidad! Hay que practicar esto, sin descuidar aquello. ¡Guías ciegos, que filtran el mosquito y se tragan el camello!”. (Mt 23, 23-24)
Meditación:
Jesús nos pide que nos centremos en lo esencial. Cuando vamos a lo importante y existencial, ya vivimos caritativos los detalles de la vida cotidiana. En la medida que seguimos a Cristo y dejamos que nos inflame en su amor, también vamos a ser amables y serviciales hacia el prójimo.
Cuando nos quedamos en la superficialidad, siempre estamos en un déficit afectivo, no llenamos nuestro corazón. Las cosas pasajeras o lo material nos exigen más y más atención y nos dejan cada vez más insatisfechos. Esto supone un llamado en las dificultades o problemas, a responder con contundencia, tratando de ir a la raíz, respetando los procesos, pero sin dejar pasar el tiempo.
Lo esencial es el llamado a la santidad, para identificarnos con Cristo, el Hombre perfecto, que nos muestra que hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios; para vivir el encuentro fraterno con todos.
Oración: Señor, haz que te ponga en el centro de mi corazón.
Contemplación:
Hago infinidad de cosas, pero dejo las importantes… siento que arrastro un peso…
«Yo Soy el Camino; mira mi entrega en la Cruz…».
Gracias porque me amas hasta el extremo y me das una nueva Vida.
Acción: Centrarme en lo esencial.
Hno. Javier Lázaro sc.
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