Lectura: “Le trajeron a un ciego … le untó saliva en los ojos, le impuso las manos y le preguntó: «¿Ves algo?». Levantando los ojos dijo: «Veo hombres, me parecen árboles, pero andan». Le puso otra vez las manos en los ojos; el hombre miró: estaba curado y veía todo con claridad” (Mc 8, 23-26).
Meditación:
Con el símbolo de tocar con saliva los ojos del ciego e imponer las manos, Jesús, hace una nueva creación. En la saliva le da su ADN y en el imponer las manos le insufla el Espíritu. Pero el ciego todavía no ve con claridad, pues tiene que corresponder a este regalo con afectos y caridad.
Ver a los hombres como árboles, es que tampoco se vincula adecuadamente, le falta caridad. Pero Jesús percibe que tiene una búsqueda, entonces le impone nuevamente las manos. Todas las heridas se pueden curar, pero necesitamos una mirada de fe y un empeño de vivir sirviendo a los demás.
Cristo siempre respeta nuestra libertad, pero vamos conquistando la libertad cuando nos orientamos hacia el bien; espera que hagamos nuestro proceso interior, que seamos humildes y le dejemos obrar en nuestro corazón. Sólo entonces nos dejamos guiar por su Espíritu y vivimos en comunidad o familia.
Oración: Señor, haz que, por la fe y la caridad, vea a los otros como hermanos.
Contemplación:
Me relaciono con los otros como con las cosas, los utilizo… estoy ciego.
«Yo Soy la Luz, abre el corazón a mi amistad».
Quiero que seas mi Camino.
Acción: Establecer vínculos de caridad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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