Lectura: «Se acerca la hora, y ya ha llegado, en que ustedes se dispersarán cada uno por su lado, y me dejarán solo. Pero no, no estoy solo, porque el Padre está conmigo. Les digo esto para que encuentren la paz en Mí. En el mundo tendrán que sufrir; pero tengan valor: Yo he vencido al mundo». (Jn 16, 32-33)
Meditación:
Jesús en la última cena se despide y anticipa que lo abandonarán cuando llegue el momento de la Cruz. Pero nos dice que nunca está sólo, pues el Padre siempre está con Él. En forma constante nos habita el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Somos inhabitados por la gracia, por la vida divina.
En la medida que ignoramos su presencia, nos desconectamos de nosotros mismos, estamos divididos y no nos sabemos amados. Cristo es más íntimo a nuestro corazón de lo que somos nosotros mismos. Por eso es preciso vivir en una comunicación, vinculación constante, pues entonces nos sabemos amados y alcanzamos la imagen divina con la hemos sido creados.
Dificultades vamos a tener siempre, pero es la oportunidad de unirnos más a Cristo, de confiar ciegamente. Cristo siempre está presente, ayudándonos. Las luchas interiores, se pueden convertir en un regalo, para adherirnos más a Jesús.
Oración: Señor, haz que viva la alegría de tu presencia en mí.
Contemplación:
No comprendo, cómo siendo pecador, sigues en mí, habitando mi corazón…
«Yo te he elegido y te amo, sano todas tus heridas, eres mío…».
Quiero vivir sólo para Ti.
Acción: Dar gracias por ser morada de Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano