Lectura: “Nicodemo le preguntó: «¿Cómo un hombre puede nacer cuando ya es viejo?»… Jesús le respondió: «Te aseguro que el que no nace del agua y del Espíritu no puede entrar en el Reino de Dios. Lo que nace de la carne es carne, lo que nace de Espíritu es espíritu»”. (Jn 3,4-6)
Meditación:
La amistad con Cristo siempre es nueva; nos sorprende con una entrega constante, buscando nuestro bien. Vivenciar su amor nos hace nacer de nuevo, así siempre somos jóvenes. La amistad con Jesús está animada por el Espíritu Santo; no depende de los estados de ánimo personales; el Espíritu nos infunde su Vida divina.
Nacemos de nuevo cuando nos confiamos a la misericordia divina; no es necesario entrar en el seno de la madre, pero sí vivir con humildad, dejando que Cristo se incline y nos abrace, a pesar de no ser ni sentirnos dignos. Es preciso aceptar que somos amados con nuestros pecados.
Hemos nacido a la vida de la gracia en el Bautismo, pero ahora libremente elegimos seguir a Cristo, identificarnos con Él; entonces dejamos al hombre viejo y ya caminamos con la alegría de los resucitados, anunciando el Reino, siendo presencia de Cristo en el mundo.
Oración: Señor, hazme nacer de nuevo del Espíritu, sólo soy tuyo.
Contemplación:
Realizo las funciones biológicas… pero espiritualmente, me siento sin vida.
«Yo Soy la Vida, te doy el Espíritu para que nazcas de nuevo».
Quiero vivir como hijo del Padre y ser tu hermano.
Acción: Dejar obrar al Espíritu.
Hno. Javier Lázaro sc.
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