Lectura: “Pues yo os digo a vosotros: pedid y se os dará, buscad y hallaréis, llamad y se os abrirá; porque todo el que pide recibe, y el que busca halla, y al que llama se le abre. ¿Qué padre entre vosotros, si su hijo le pide un pez, le dará una serpiente en lugar del pez? (Lc 11, 9-11).
Meditación:
Jesús nos llama a la confianza absoluta, pues Dios es nuestro Padre, infinitamente bueno. No cambia su condición de Padre bueno, aunque nosotros, por la debilidad y el pecado, no seamos buenos hijos. Siempre está atento a nuestras necesidades. El Padre tiene necesidad de vernos crecer en santidad, para que seamos felices.
Pero nos pide que despertemos el corazón, que no quedemos en la pasividad, que lo miremos a los ojos confiadamente y veamos cuál es nuestro ideal; a qué nos llama. Seguro que lo vemos inalcanzable, pero por eso quiere que le pidamos lo que necesitamos, con la certeza que nos lo da.
Atrevernos a pedir es abrirnos y lanzarnos a lo grande, al altruismo, a lo que parece que no tiene sentido pues supera la razón. Cristo nos da la confianza de que Él nos acompaña y es el canal de la Vida.
Oración: Señor, despierta mi corazón e infúndeme la confianza en Ti.
Contemplación:
Digo que no puedo, pero no te pido lo que necesito… me quedo en la melancolía.
«Yo siempre te escucho, abre los tesoros de mi Corazón…».
Quiero gritar desde lo más hondo y confiar.
Acción: Expresar en la oración las necesidades.
Hno. Javier Lázaro sc.
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