Lectura: “Y si no son fieles con lo ajeno, ¿quién les confiará lo que les pertenece a ustedes? Ningún servidor puede servir a dos señores, porque aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se interesará por el primero y menospreciará al segundo. No puede servir a Dios y al Dinero»”. (Lc 16,12-13)
Meditación:
Con frecuencia buscamos que los demás nos valoren por el orden y la eficiencia; pero cuando entramos al propio corazón, vemos que vivimos en cierto desorden, en la procrastinación y en la infidelidad en los pensamientos o sentimientos. Este es el termómetro que necesitamos mirar con frecuencia, ver qué nos dice el corazón.
Cuando cuidamos la interioridad, también podemos comprometernos para vivir la fraternidad con los demás. El amor empieza por cuidarnos a nosotros mismos, para poder darnos y estar disponibles para los otros, con espíritu de caridad. Muchas veces queremos o nos gustaría ayudar, pero no hemos cultivado la voluntad, el orden afectivo… Entonces llegado el momento se nos hace imposible.
El dinero o las cosas materiales que nos rodean, con frecuencia nos esclavizan, nos impiden despertar la mirada de la fe y el encuentro con Cristo. Es necesario que cultivemos el espíritu de pobreza y sobriedad, así tener los ojos en Cristo.
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Oración: Señor, libera mi corazón, para que te siga y me entregue a Ti.
Contemplación:
Veo el desorden de mi corazón y la incapacidad de vivir la entrega con alegría.
Yo te recibo, deseo que seas feliz…
Quiero que ocupes todo mi ser.
Acción: Ordenar mis afectos, entregarme a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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