Lectura: “Cuando Jesús llegó a la otra orilla, a la región de los gadarenos, fueron a su encuentro dos endemoniados que salían de los sepulcros. Eran tan feroces, que nadie podía pasar por ese camino. Y comenzaron a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Hijo de Dios? ¿Has venido aquí para atormentarnos antes de tiempo?»”. (Mt 8, 28-29)
Meditación:
Jesús en su predicación sale a tierra de paganos; donde el mal espíritu lo tiene todo dominado. El mal cuando no lo enfrentamos con determinación se hace más fuerte, nos esclaviza y encadena. Además, hacemos que nuestro entorno sea complejo; no vivimos en paz, ni permitimos que los otros estén tranquilos.
El solo reconocimiento de Cristo en nuestro corazón hace que ya vivamos en la Luz. Su presencia es la Verdad y el Bien; entonces todo lo demás queda desenmascarado y vemos la mentira que nos propone. Cristo ha vencido al pecado, ya nos ha liberado, ahora estamos llamados a vivir en la alegría eterna.
El mal en nuestro corazón se puede manifestar de múltiples maneras y nos hará creer que no tenemos remedio. Pero Cristo con su Palabra nos sana, nos libera, nos lleva de nuevo a la filiación, nos enseña a vivir como hijos amados.
Oración: Señor libera mi corazón, sólo soy tuyo para siempre.
Contemplación:
Hay veces que sólo se me presentan mis pecados y me siento anclado ahí.
«Yo Soy tu Paz y rompo todas las cadenas, sólo deja que te ame».
Gracias porque me miras y me llenas de paz.
Acción: Abrirme a la gracia.
Hno. Javier Lázaro sc.
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