Lectura: “«Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero». Los fariseos, que eran amigos del dinero, estaban escuchando todo esto y se burlaban de Él”. (Lc 16,13-14)
Meditación:
Necesitamos unificar el corazón, orientarlo totalmente hacia Cristo. En la medida que lo dividimos con deseos pasajeros quedamos insatisfechos, tristes y en una carrera de ambición donde nada nos satisface. Jesús nos recibe tal como somos, pero necesita que le entreguemos la libertad personal, que sólo busquemos su voluntad y su mirada.
El deseo desordenado de dinero nos termina desviando la atención de lo importante; la sed de placer nos atrofia la capacidad de amar y vivir en la alegría; la búsqueda de poder nos separa de los otros y nos impide vivir en fraternidad; la fama nos llena de orgullo, nos aparta de Dios y nos roba la paz.
Nuestro único tesoro es Cristo que nos ama en forma absoluta, nos lleva a gustar el banquete celestial, nos infunde el deseo de fraternidad y nos da la calma interior. Él es nuestro Hermano, que nos compra con su Sangre.
Oración: Señor, libera mi corazón, sólo te pertenezco a Ti.
Contemplación:
Necesito cuidar los sentidos y apartarme de lo efímero…
«Yo Soy el Camino, ven hacia Mí; renuncia a ti mismo, Yo te hago nacer de nuevo».
Quiero que sólo sea tuyo, unifica mi corazón.
Acción: Fijar la mirada en Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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