Lectura: “Juan vio acercarse a Jesús y dijo: «Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. A él me refería, cuando dije: Después de mí viene un hombre que me precede, porque existía antes que yo. Yo no lo conocía, pero he venido a bautizar con agua para que él fuera manifestado a Israel»”. (Jn 1, 28-31)
Meditación:
En el templo todos los días se sacrificaban corderos como ofrendas de expiación de los pecados del pueblo. La sangre del cordero en las puertas de las casas libró a los israelitas de la muerte en Egipto… Pero sólo eran figuras, preanuncios de Cristo, que es quien nos libra del pecado y nos trae la salvación.
Cristo existe desde siempre, junto al Padre y el Espíritu Santo. Existen en perfecta comunión y entrega mutua; pero el acontecimiento decisivo es que el Hijo se hace Hombre, nuestro hermano, nos propone el estilo de vida del Reino y nos llama a su seguimiento.
En Jesús tenemos la referencia absoluta para nuestra vida, estamos llamados a identificarnos con Él; pero ayudados por su gracia divina; no nos deja solos. Nos pide que confiemos y entonces nos da la mano y nos lleva con Él, para que vivamos eternamente.
Oración:
Señor, líbrame del pecado y dame tu Vida divina.
Contemplación:
Busco referentes, ídolos mundanos… me olvido que Tú me amas y das la vida por mí.
«Yo te busco, confía… recibo tu vida».
Quiero seguirte con radicalidad y determinación. Soy tuyo.
Acción: Mirar a Cristo como referente absoluto.
Hno. Javier Lázaro sc.
Copyright © 2025 Colegio Belgrano