Lectura: «Juan dio este testimonio: …” Yo no lo conocía, pero el que me envió a bautizar con agua me dijo: ‘Aquel sobre el que veas descender el Espíritu y permanecer sobre él, ese es el que bautiza en el Espíritu Santo’. Yo lo he visto y doy testimonio de que él es el Hijo de Dios»» (Jn 1, 32-34).
Meditación:
Las comunicaciones terrestres en tiempo de Jesús son complicadas; aunque Jesús y Juan, son primos, no se habían visto antes del bautismo. Juan responde con generosidad y determinación al llamado de ser profeta del Mesías; no se deja llevar por el miedo y está atento a las señales del Espíritu.
Juan antes de nacer, salta de gozo en el seno de Isabel, ante la llegada de María, ya embarazada. Ahora también cuando bautiza a Jesús percibe la presencia del Espíritu, se deja sorprender, está abierto a las realidades espirituales. Juan sabe que sólo es el precursor del Mesías, pero tiene un corazón preparado para gozar de su presencia.
El Bautista no puede callar la vivencia y lo anuncia, nos dice que está entre nosotros el Hijo de Dios, que se ha hecho Hombre. Nuestra vida cambia radicalmente cuando acogemos a Cristo y le dejamos obre en nuestro corazón.
Oración: Señor, lléname con tu presencia.
Contemplación:
Veo, oigo muchas noticias… pero necesito vivenciar tu presencia en mí.
«Yo te ayudo a descubrir que eres valioso, amado por Mí y te lleno del Espíritu».
Quiero despertar la conciencia de que eliges y me envías.
Acción: Corresponder al llamado de Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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