Lectura: «Apenas fue bautizado, Jesús salió del agua. En ese momento se abrieron los cielos, y vio al Espíritu de Dios descender como una paloma y dirigirse hacia él. Y se oyó una voz del cielo que decía: «Este es mi Hijo muy querido, en quien tengo puesta toda mi predilección» (Mt 3, 16-17).
Meditación:
Jesús, que es Hombre, se acerca a recibir el bautismo de conversión que daba Juan Bautista; no tiene pecado, pues también es Dios, se solidariza con nuestra realidad, es nuestro hermano y se pone en la fila de los pecadores. Pero en ese momento se manifiestan el Padre y el Espíritu Santo; Jesús actúa en comunión perfecta.
El Espíritu Santo se aparece en forma de paloma, signo de la entrega del Padre al Hijo y de aceptación de su amor. Ya en la presentación en el templo, María y José, presentaron dos palomas; un signo de la entrega de Cristo al Padre y la otra la correspondencia del Padre al Hijo.
La Trinidad es entrega mutua por el Espíritu; pero ahora por el bautismo de Jesús, entramos nosotros a participar de esta relación. Es el Padre quien le dice a Jesús y a nosotros: “eres mi Hijo amado”. El Espíritu nos ayuda a corresponder.
Oración: Señor, me das la vida y a Ti me entrego.
Contemplación:
Jesús me has introducido en la relación de amor de la Trinidad…
«Yo Soy el Hijo y tú mi hermano… somos familia».
Quiero vivir la fraternidad por el Espíritu.
Acción: Vivir la alegría de ser amado.
Hno. Javier Lázaro sc.
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