Lectura: “Jesús, al llegar a aquel sitio, levantó los ojos y le dijo: «Zaqueo, date prisa y baja, porque es necesario que hoy me quede en tu casa». Él se dio prisa en bajar y lo recibió muy contento. Al ver esto, todos murmuraban diciendo: «Ha entrado a hospedarse en casa de un pecador»” (Lc 19, 5-7).
Meditación:
La mirada de Jesús nos transforma, nos llena de Luz, nos abre a la conversión, nos llena de su misericordia, nos hace sentir amados, nacemos de nuevo por su salvación… Zaqueo quiere ver… y es Jesús quien lo mira; pasa de la curiosidad a la amistad más profunda; se deja transformar y alcanza la libertad.
Zaqueo era pobre; sólo tenía dinero, pero vacío el corazón. Pero se interroga y observa a la gente que sigue a Jesús; los ve felices de escucharle material, aunque no tienen nada. No sabe cómo llegar… pero es Jesús quien lo busca y le pide alojarse en su casa.
Nuestro corazón es la morada de Cristo; es ahí donde se dan los diálogos más profundos de entrega y deseo de autenticidad. Jesús se hace nuestro mendigo y nos abre a la más absoluta riqueza, nos abre a la perspectiva de ver a los otros como hermanos.
Oración: Señor, mírame y lléname de tu gracia, que me da la salvación.
Contemplación:
Busco ver o saber sin comprometerme… no puedo establecer vínculos.
«Yo Soy la Vida… déjame entrar en tu corazón».
Lléname de tu Luz… quiero seguirte junto con los otros.
Acción: Dejarme mirar por Cristo y responder.
Hno. Javier Lázaro sc.
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