Lectura: “Un hombre cubierto de lepra. Al ver a Jesús, se postró ante él y le rogó: «Señor, si quieres, puedes purificarme». Jesús extendiendo la mano y lo tocó, diciendo: «Lo quiero, queda purificado». Y al instante la lepra desapareció” (Lc 5, 12-13).
Meditación:
Jesús se hace Hombre y nos hace nacer de nuevo, cuando le reconocemos como nuestro Dios y Salvador. Todos tenemos la lepra del pecado, que hace que quedemos desintegrados, divididos, en guerra contra nosotros mismos; así abandonamos el plan de Dios, nuestro Padre, para ser felices. Pero el Hijo, Cristo, nace y nos hace nacer de nuevo, dándonos el perdón, derramando su infinita misericordia en nuestro corazón.
Pero, somos personas y por tanto Dios nos ha dado el ser y la libertad en propiedad; ahora somos nosotros los que estamos llamados a elegirlo a Él, reconociendo su Ser de Único Dios y entregando nuestra libertad, pidiendo perdón y dejando que nos sane.
Jesús no tiene miedo a nuestra lepra, o pecado, no se contagia. Es preciso que confiemos. Su amor es infinito, no importa en qué estado nos encontremos; quiere nuestra amistad; ha puesto su morada en nuestro corazón y le pertenecemos para siempre. Nos sana y nos da nueva Vida.
Oración: Señor, perdóname soy pecador; dame nueva Vida.
Contemplación:
Me domina la desconfianza, … Pienso que no tengo remedio…
«Yo Soy la resurrección y la Vida. Si me dejas te perdono… confía en Mí».
Quiero que me toques y me transformes, lléname de tu Vida.
Acción: Acercarme a la misericordia divina.
Hno. Javier Lázaro sc.
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