Lectura: “Los del borde del camino son … Los del terreno pedregoso son… Lo que cayó entre abrojos son… Lo de la tierra buena son los que escuchan la palabra con un corazón noble y generoso, la guardan y dan fruto con perseverancia”. (Lc 8, 12-15)
Meditación:
Dios siempre está sembrando la buena semilla del Reino en nuestro corazón. Pero el que germine y dé fruto depende de cómo nos preparamos interiormente. Si rechazamos la Palabra, nos creemos autosuficientes… somos como el camino duro, donde nada puede echar raíces. Los que recibimos la semilla con el sentimentalismo, pero no profundizamos ni nos comprometemos, somos el terreno pedregoso, parece que sí… pero es no.
Los que nos rodeamos de tantas actividades y preocupaciones, tenemos el corazón con abrojos, recibimos la semilla, pero la ahogamos; no estamos dispuestos a dejar nada, ni a cambiar, pero tampoco damos fruto.
Sólo los que preparamos el corazón, removiendo los vicios, siendo humildes, abriéndonos a la conversión, generamos el clima adecuado de los afectos, recibimos la semilla, dejamos que se anide en nuestro interior, … damos frutos abundantes. Todos estamos llamados a dar vida, pero Dios necesita nuestra colaboración y compromiso. El cuidado de nuestro interior, es esencial para recibir al otro como hermano.
Oración: ¡Señor prepara mi corazón, para que dé los frutos del Reino!
Contemplación:
Siento que vivo para mi mismo y no doy frutos que den sentido a mi vida.
«Yo Soy el sembrador, te doy la semilla del Reino…».
Quiero recibirte y ser tuyo.
Acción: Recibir las semillas de bondad.
Hno. Javier Lázaro sc.
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