Lectura: «Nadie echa vino nuevo en odres viejos: porque, si lo hace, el vino nuevo reventará los odres y se derramará, y los odres se estropearán. A vino nuevo, odres nuevos. Nadie que cate vino añejo quiere del nuevo, pues dirá: “El añejo es mejor”» (Lc 5, 37-39).
Meditación:
El encuentro personal con Cristo nos impulsa a un cambio radical en nuestro corazón. Él nos da la gracia para la conversión, pero somos libres para aceptar el cambio y colaborar. Jesús nos propone una nueva forma de vivir, de pensar, de sentir… El vino es el símbolo de la alegría, del encuentro de comunión.
Es posible que hasta ahora sólo nos hayamos conformado con placeres o sensaciones pasajeras… que las recibimos por la búsqueda hedonista o la casualidad “de la suerte”. Pero el Espíritu nos ofrece el gozo que no pasa, fruto de la búsqueda constante del bien, de vivir en la verdad y de dejarnos conmover en la contemplación por la belleza.
Cuando experimentamos el verdadero enamoramiento por Cristo, no queremos volver atrás. “Jesucristo es el mismo, ayer, hoy siempre”. Él nos llena de Vida, nos ilumina el Camino, nos abre a la esperanza…nos da la caridad para amar sin límites. Sólo espera nuestro sí, comprometido para siempre.
Oración: Señor, dame un corazón nuevo que pueda gustar tu amistad.
Contemplación:
Deseo ser feliz, pero busco los atajos del placer…
«Yo lleno tu corazón con mi presencia… déjate moldear interiormente».
Quiero vivir solo para Ti; haz de mí lo que quieras… dame docilidad interior.
Acción: Entregar todo a Cristo.
Hno. Javier Lázaro sc.
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