Lectura: «Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado. Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo». (Jn 17,1-3)
Meditación:
Glorificar es alabar y reconocer a Dios por su infinito amor, expresado en su inmensa bondad y misericordia. También glorificamos a Dios por la belleza de la creación y por su inmensidad el firmamento. La gloria sólo es para Dios. La redención de Cristo es la obra por excelencia por la que afirmamos el amor de Dios y a la vez nos salva.
Cuando buscamos la gloria personal caemos en la autosuficiencia, y por tanto en la tristeza. Toda la gloria es para Cristo que nos ha salvado y nos hace partícipes de la vida divina. Cuando glorificamos a Cristo, nos llena de su Paz.
Cristo nos ha hecho hijos del Padre, nos lleva a la vida eterna; somos peregrinos, caminamos en la esperanza cierta; pues estamos unidos a Cristo que ya ha llegado y está junto al Padre. Elegimos seguir y vivir para Él.
Oración: Señor, que todo lo haga para dar gracias y alabarte por tu Amor.
Contemplación:
Busco la propia gloria o reconocimiento… siempre quedo insatisfecho y esclavo…
«Yo te doy mi Paz. No caigas en la tentación de pretender ser Dios».
Soy tuyo, quiero vivir para Ti.
Acción: Dar gloria a Dios.
Hno. Javier Lázaro sc.
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